La enseñanza de las plantas, reflexion compartida por Héctor Valdez “El Toro"
Un acercamiento al conocimiento tradicional de las plantas medicinales, desde la experiencia, la observación y la conexión viva con su espíritu.
Hector "Toro" Valdez.
3/18/20265 min read


Cuando uno empieza a conocer las plantas de verdad, se da cuenta de que no solo sirven por lo que curan en el cuerpo. También tienen su fuerza, su espíritu, su momento y su manera de trabajar con cada persona.
Eso es algo que se va aprendiendo con el tiempo, con la práctica y con la conexión misma con las plantas. No es nomás agarrarlas y usarlas. La planta también le va enseñando a uno. Le va mostrando para qué sirve, cuándo está más fuerte, cómo se siente y qué trabajo hace.
Por ejemplo, una ruda es una planta amarga. Tiene su parte curativa, su esencia. Sirve para algunas cosas del oído, para problemas estomacales, del vientre, dependiendo cómo se use. Pero también tiene su fuerza como planta. Y así como la ruda, cada planta tiene su propósito.
Lo importante es entender que las plantas tienen momentos. Tienen fases donde están más fuertes. Hay momentos del día, estados de la luna y formas de cortar o trabajar la planta que hacen que su fuerza se manifieste más.
El momento de la planta también importa
Hay plantas cuya fuerza está más concentrada abajo, en la raíz. Hay otras que trabajan más desde las hojas, desde los tallos, desde lo que crece hacia arriba. Y eso importa mucho a la hora de cosecharlas o de prepararlas.
Por ejemplo, el piri piri es una planta que va enterrada, trabaja desde la raíz. Y esa planta tiene una fuerza muy especial en la parte chamánica, en la parte de limpieza energética. Se usa para hacer perfume, para soplar y para varios trabajos más.
Como su fuerza está abajo, el mejor momento para cosecharla es en luna nueva, porque en ese momento la energía de la luna hace que la savia y la fuerza de la planta estén más concentradas en la raíz. Siempre tiene fuerza, claro, pero en ese momento la alquimia se da más fuerte. Ahí es cuando conviene trabajarla.
En cambio, hay otras plantas como la albahaca o la misma ruda, que son más de hoja, de tallo, de lo que crece hacia arriba. Entonces, cuando uno quiere esa fuerza de arriba, el mejor momento suele ser la luna llena, porque ahí la energía está más activa en esa parte de la planta.
Plantas que limpian, plantas que protegen, plantas que empujan
La albahaca es una planta que limpia. Tiene una fuerza muy bonita para absorber, para sacar lo negativo, para limpiar la energía. Es una planta con un espíritu fuerte.
El romero también tiene su secreto. Es una planta más desértica, no ocupa tanta agua, tiene una fuerza especial. Cuando una persona necesita un respiro, cuando siente que ya no puede, cuando le falta ese cambio o ese empuje para cerrar algo o seguir adelante, el romero da esa fuerza. Tiene ese poder de levantar, de dar aliento.
Y está también la citronela, que otros conocen como siete esencias. Esa planta trabaja mucho en la protección. Protege la energía, protege a la persona, protege el espacio. Es una planta muy bonita para eso.
Entonces todo depende de qué es lo que se va a hacer. Si uno va a preparar un baño de plantas, o un riego, o una limpia, hay que sentir para qué se necesitan las plantas. A veces se usan plantas amargas para limpiar, para sacar. Otras veces se usan plantas dulces para armonizar, para equilibrar, para cuando uno se siente movido o fuera de centro.
La misma planta le va diciendo a uno. Con el tiempo, uno va entendiendo.
La conexión con la planta es la que enseña
Eso es algo muy importante: este conocimiento no viene solo de que alguien le diga a uno “esta planta sirve para esto y esta otra para aquello”. Eso ayuda, sí, pero lo más profundo viene de la relación con la planta misma.
La planta le enseña a uno.
A través del tiempo, de olerla, de sentirla, de trabajar con ella, de estar presente, uno va conociendo su espíritu. Y ahí es donde empieza a haber una conexión real. No es algo mecánico. Es algo vivo.
Cada quien también tiene su forma. Algunos empiezan con las plantas que limpian, otros con las que protegen. Algunos hacen el riego de una manera, otros de otra. Y todo está bien, porque también depende de la conexión de cada persona, de lo que siente, de lo que la planta le muestra.
El riego: armonizar y proteger
En este caso, el riego tiene la intención de armonizar y proteger. Proteger a la persona, pero también proteger el lugar, el territorio, el espacio.
Cuando ese trabajo se hace sobre una persona, se le agrega tabaco, porque el tabaco es fuerte. Es una planta que da un amargor más intenso, una fuerza más marcada para limpiar.
También se usa la canela, que allá en la selva es una planta muy poderosa. La canela da fuerza, mueve, fortalece el trabajo. Incluso le da más fuerza al tabaco. Es una planta muy bonita y muy potente.
A veces también se usa agua preparada, como agua florida o agua especial, junto con el tabaco, y se sopla. Ahí entra ya el trabajo del curandero, la intención, la impregnación, la fuerza que se pone en el remedio o en el riego. No es solo la planta por sí sola, sino la manera en que se trabaja, la intención con la que se hace y lo que se va evocando en ese momento.
Porque cuando una persona está haciendo el riego, no solo está pasando las plantas. También está pensando, sintiendo, evocando ese espíritu de la planta, conectándose con lo que quiere armonizar, limpiar o proteger.
La sabiduría antigua sigue viva
Así han caminado muchos remedios por generaciones. En los linajes, en las familias, en los pueblos, siempre ha habido plantas que para unos sirven de cierta manera y para otros de otra. Y así pasa. Una planta puede entregarle algo muy específico a una persona o a una tradición, y a otra mostrarle algo distinto.
Por eso no todo está escrito de una sola forma.
Antes, y todavía ahora, las abuelitas han sido muy sabias en esta parte. Ellas conocían remedios, baños, infusiones, limpias, maneras de trabajar con las plantas que hoy en día todavía sorprenden. Y uno se pregunta cómo tenían ese conocimiento, cómo sabían tanto. Pero era por la observación, por la práctica, por la cercanía con la tierra y por la relación viva con las plantas.
Volver a mirar a las plantas con respeto
Al final, todo esto tiene que ver con volver a mirar a las plantas con respeto. Entender que no son solo remedios, ni solo ingredientes. Son seres con fuerza, con espíritu, con propósito.
Cada una tiene su momento. Cada una tiene su manera de trabajar. Y cada una puede enseñarnos algo, si aprendemos a acercarnos con respeto, con paciencia y con corazón.
Porque a final de cuentas, la planta es la que hace esa conexión con cada persona.
